Bug-out bag – mochila para huir y sobrevivir.
Los gobiernos internacionales recomiendan que tengamos una mochila de emergencia con al menos 72 horas de provisiones mínimas; es más o menos el tiempo en que los servicios regresan luego de la catástrofe natural.
Hay variaciones por la geografía o el desastre; por ejemplo, en un lugar frío te dicen que guardes guantes y abrigo, a diferencia de una zona tropical donde te piden ropa ligera, impermeable y repelente de mosquitos. Y así con las herramientas, dependiendo si estás en zona sísmica o zona de huracanes. Y bueno, las recomendaciones se van haciendo más específicas, como medicamentos, dependiendo de las necesidades propias, de las comorbilidades individuales, enfermedades, etc.
Y luego van las "básicas": la parte de los suministros como el agua, los no perecederos, las lámparas, documentos importantes (¿te imaginas el desastre de perder tu identidad?), artículos de higiene, entre otros.
Hay hasta formas de armarlas: unos dicen que las agrupes por función, por las que necesites tener a la mano; te recomiendan ligereza, muchos compartimentos y revisar cada tanto la caducidad de las medicinas.
Estas recomendaciones han ido evolucionando con la experiencia de desastres naturales, cambios climáticos, pandemias, etc.
¿Cuántos desastres naturales habremos vivido nosotras y nuestras antepasadas para saber lo que sabemos hoy, para ajustar y mejorar lo que hacemos hoy?
Soñar contigo ha sido mi desastre natural: el día colapsa y, a veces, no me doy cuenta hasta que estoy debajo de todos los escombros. Los sueños son epicentros, así que nunca hay manera de evitar el desmadre; aquí no hay ni 20 segundos para correr o para prepararse ante lo inminente.
Cuando me fui, los días se llenaron de pesadillas. Tuve que nombrar mi cuerpo “zona cero”; la devastación tiró todo, absolutamente todo, y las personas a mi alrededor parecían ser las que miraban los daños a mi infraestructura y de pronto se atrevían a preguntar si mis servicios habían regresado. Preguntaban por miedo a que me convirtiera en ciudad fantasma. Hicieron bien.
Estuve en emergencia climática por meses; yo no sabía si era temblor o réplica, para mí se sentía igual, para mí era terrorismo natural.
Luego se redujo la frecuencia de los eventos; pasaban cada tanto, y sabía que después del temblor vendría un monzón. Todo se redujo a… medir la magnitud y registrar el madrazo.
Según los gobiernos, las mochilas deberían ser propias, pero una no sabe ni que necesita una, porque no existe alguien que haga la gestión de riesgos.
Las mochilas comenzaron a aparecer: eran prestadas, iban y venían; yo las vaciaba sin poder rellenar casi ninguna.
A diferencia de la biología sensorial, donde los animales detectan lo que pasará, acá, como mamíferas intuitivas, llegamos después del desmadre: aquí los peces no saltan fuera del mar, las elefantas no se alejan del lugar, acá casi todas se quedan. Fabi llegó a hacerle de protección civil después de detectar un enjambre de lágrimas.
Ando en esa fase de sucesión ecológica: mis fenómenos siguen, pero he podido ponerle número a mi escala; mi naturaleza es la que anda poniendo en orden al territorio, lo deja ser sin perder, o lo deja perder sin abandonarlo.
Comencé creyendo que necesitaba una mochila para sobrevivir al apocalipsis; ahorita nomás te ando manejando la Go-bag, esa mochila que te permite salir del paso.
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Cuéntale lo más temprano que puedas tu epicentro a alguien (si es muy traumático, escríbelo en tu diario de sueños).
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Habita el desastre y todo lo que ese pinche tsunami te hizo sentir (no le huyas al miedo, al dolor, a las lágrimas; quédate hasta que lo necesites).
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Ponte una cancioncita dolorosa, ayuda a garantizar los sentires.
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Límpiate las lágrimas.
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Escribe un post.
Tómate un técito mientras escribes el post.
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Mándale un meme a Lau y ríete de tu ex.
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Si lo crees conveniente, cuéntale a la psicóloga.
Ha sido muy difícil armar mi mochila; los desmadres naturales son lo más antinatural para el corazón. Odio soñarte, odio revivirte, odio cuando callas o cuando solo eres un ente inerte, odio que, de hablar mucho, amarme mucho, ahora solo seas el extra del extra; no porque quiera que me ames, sino —digo— si no tienes ningún perro papel, ¿por qué vergas sales?, ¿por qué pareces el extra del NPC?
Apareciste en el sueño de hoy, de nuevo como un NPC. Desperté, le conté a Radha, me cagó la madre haberte soñado, me fastidié, puse “Dime” de Silvana Estrada, no tenía ganas de llorar, escribí este post, no le he escrito a Laura, no me he reído de ti, seguro le contaré esto a Lesly mañana.
Por todos los sueños que hicimos y estoy a punto de olvidar.

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