Insert Coin

Hace un tiempo, mucho tiempo, como cuando yo tenía veintialgo, mucho antes de los 40 que tengo ahora, mi sueño era ser disciplinada. Veía a la gente tan ubicada, tan lucida, tan obsesiva con su día a día, y a mí me faltaba todo eso. Yo era un remolino con cien ideas; era dispersa, me aburría rápido, las cosas las sentía chicas, los trabajos me parecían mediocres o como que no sabían aprovechar mi cabecita. Sentía que no tenía estructura y todo me costaba el doble, o al menos así lo percibía cuando me comparaba con las otras personas.

Mis role models imposibles eran personas que podían levantarse siempre a una hora, hacer ejercicio a otra, no faltar a las cosas. Yo añoraba la monotonía disfrazada de éxito capitalista. Producir, producir, producir.

Entonces comencé a saturarme de trabajo mientras usaba mis superpoderes, que ahora sé que se llaman hiperfoco, y yo podía hacer lo que hacían tres personas al mismo tiempo. Me mamaba autoexplotarme y eso me daba mucho orgullo. ¿Qué miedo, no?

En aquel entonces creía en la meritocracia y que, obviamente, yo estaba donde estaba solo por mis méritos y no porque había entrado a ese trabajo recomendada. Y no demerito mi trabajo; sé que llegué a hacer y a aprender muchas cosas, pero entiendo que me costó la mitad que le costó a otras personas.

Yo le decía a mi psicóloga de aquel entonces que lo que yo más deseaba era un chicotito que me estuviera arreando y diciéndome: “¡Haz, haz, haz!”, y que no me dejara botar las cosas (o sea, no ser dispersa, eso también lo sé ahora) o procrastinar.

Con los años fui entendiendo que lo que quería eran otras cosas. Era la posibilidad de ser menos neurodivergente, de aprender como otra gente, de construir como les otres.

Voy saliendo del psiquiatra del IMSS, el que la gente como yo ocupa para que le den su medicamento y ya luego pedimos o damos seguimiento con otro por fuera. Pero bueno, contra todo pronóstico de ser bien tratada, el psiquiatra de hoy me dijo algo increíble. Me dijo:

“Veo que eres muy disciplinada aun sabiendo que lo que haces no te dará o no te está dando placer. ¿Qué bien, no?”

PFFFFFF.

Me explotó la cabeza y sentí unas ganas tremendas de abrazarlo y decirle que festejáramos juntes. Me sentí la ama de la disciplina dándole una putiza a la pinche depresión. Me vi en un campo de juego de Street Fighter vergueándomela y sin un cachito de piedad.

Porque sí, me paro aunque sea tarde y, muy amorosita, no me juzgo y me digo a mí misma: “Descansamos, chava, eso es chido”.

Hago el mínimo indispensable para muchas cosas y digo: “Es lo que se pudo hoy, valedora”.

A veces, si hay suerte, tiendo la cama. Regreso a ese escenario de Street Fighter y gano. Y gano con un combo cuando la ternura me acompaña ese día.

Tomo mis medicamentos siempre en la mañana y en las noches. Voy a nadar diario. Voy al otro ejercicio si no se pudo nadar. Les escribo a mis amiguis aunque no siempre hay fuerza ni ganas; solo paso a dejar amorcito y a procurar a quien quiero, porque eso toca y es otro perro putazo a la perra depresión.

No me suelto de las que me aman. No falto a la terapia, o intento no hacerlo. No falto al psiquiatra. No dejo la nueva medicina aunque odie el pinche proceso de adaptación.

Le canté un tiro bien derecho a la depresión y no me rajo. Y aunque haya días en que pienso lo bien que  se sentiría no despertar, cuando abro el ojo al día siguiente, lo primerito que hago es pintarle dedo.

Últimamente vivo intentándolo y no sé si me baste, pero son todas las fuerzas que tengo, así que a mí me basta.

Lo intento aunque no haya motivación y no esté garantizada la satisfacción.

No le estoy echando ganas, perros. Eso es una perra mamada. No le crean a las personas pendejas que no tienen ni puta idea de salud mental.

Solo hago lo que toca porque me aterra que la depresión leve se cuele y se convierta en otra cosa.

Al chile sí me siento presumida pa' dentro. Y si bien hoy sé que no quiero todas esas perras mamadas que me prometió el capitalismo (porque una no nace con conciencia de clase, social e interseccional), ahora ni de pedo querría lo que un día deseé, o solo lo deseo distinto.

Si la chingada llega, que se la lleve a ella y no a mí.

Abracitos a los y las que andamos tirándonos tiros con la salud mental

Les abrazo y les dejo muchos muaaaaas. 

(Si alguien quiere intercambiar medicamentos escribame jua jua jua yo tengo algunos pa compartir)




Comentarios

Entradas populares