Día 3. El derrumbe me dio tregua
Llevo dos días seguidos yendo a terapia y pasado mañana regresaré. Espero que te sientas feliz de volverte mi nuevo trauma.
Si vieras la cantidad de borradores que tengo guardados en el blog que no he publicado desde aquel día.
Tomé un uber y me fui a recoger los tenis rosas que deje cerca de nuestro ex nido, a tres cuadras exactamente, pase frente a tu casa, voltee a buscarte sabiendo que no te vería, porque desde aquel día deje de sentirte, nuestras almas se separaron, estoy segura.
Seguí. Paré en la casa de la señora Isabel. Espere dentro del coche. Llegó. Conocí a su nieto. Chocamos los puños.
Es inevitable no ver mis ojos tristes e hinchados, Doña Isa finge, yo también, volvemos a intercambiar palabras amables pero automatizadas. Me da un beso. Manda saludos a mamá y Radha. Cierro la puerta del auto. El conductor ultra amable apachurra el botón para un segundo destino, necesito alejarme de ahí.
Luis Miguel suena en su Spotify, le pido que no quite su música mientras hablo por teléfono, no quiero que escuche por si acaso llego a llorar. Le marco a mi hermana para saber cómo le fue a mamá en los juzgados, hablábamos brevemente. Mi mirada se posa en mi whats, tengo demasiadas notificaciones pendientes. Dos horas y media en terapia y los mensajes se vuelven una torre de documentos en oficina de gobierno. Llegamos al segundo destino, mi tranquilidad se ancla en una lista de instrucciones que la Isa cuerda del pasado me dejo ayer para no olvidar nada.
Llego a la última cafetería a la que venimos juntxs y donde daré un taller en semana y media. Pego los flyers, le explico a la encargada de qué ira este pedo, le digo que igual le mandaré la info a Andrea para que si les preguntan sepan qué decir. La Isa profesional y orgullosa de su cometido toma el control, pfff me salva, los ojos tristes siguen, pero su elocuencia confunde a cualquiera. La emoción es real, pero apenas y basta para sostenernos y no echarnos a llorar.
Subimos al segundo piso, pido unas enchiladas, un té (el segundo del día), acomodo todo para tener en paz al TOC, arranco los pendientes, llega la fruta, llega el té, llegan las enchiladas. Paro de trabajar, comienzo a escribir. Me meto un bocado entre párrafo y párrafo. La comida, la necesidad más bonita de todas, se ha vuelto un fantasma. Como porque sé que debo y no porque me sepa algo, no porque disfrute de ella. Te odio un poco, porque sé que sabes cuánto amo comer. La gozadera regresará me digo, tu tranquis morra.
Pienso en esta necesidad casi esquizofrénica de escribirte en este blog, que sé que no leerás, porque nunca supiste de su existencia. Pienso y rebobino la terapia del día de hoy, te pienso, me pienso, habitando juntos este momento, pienso en todos los acuerdos que no se dijeron pero se llevaron a cabalidad por años.
La palabra “amor” se devalúa, no le alcanza para entrar en ningún sitio. Evito que nuestras miradas se encuentren, como evitas la mirada de un indigente cuando no tienes dinero que compartirle.
Hoy no te traigo odio, hoy estás paradito ahí en mi corazón, habitándolo, sentado con las piernas cruzadas, se que no aguantaras tanto, tu no sabes estar en esa posición, por eso no la hago de a pedo, por eso te dejo. Chris Cornell suena y pienso en ti, nunca dejaré de hacerlo supongo, los buenos momentos me cubren. Estamos tan tan tan lejos, ahora sí valió madres Yoshito.
Ya quiero terminar la reseña de hoy, porque igual sé que nos quedaremos ahí, viéndonos sin hablar, como la pareja esa de artistas que lloran mientras el silencio cubre toda la sala. El volumen va bajando, porque la canción se acaba, como nosotrxs. Silencio... arranca creep, en una versión de Just Loud. Sé que sabes que sería algo que me gustaría porque amo los covers, o tal vez no. No se si te pase pero mi incontrolable necesidad por mandarte memes y videos por Instagram y Messenger se fueron ese mismo día. Me sorprendo de mi misma y de cómo se rompió todo de putazo, hasta la costumbre, ¿y qué tal que nunca hubo costumbre y que tal si deberitas mi corazón todos los días te eligió con esa consciencia de saber lo que quería?. Que bonito y que chingadera, ¿no?.
Jess y yo nos despedimos hoy, ambas, con gran compasión, entendiendo que no nos toca sanar juntas, que las historias son distintas y que por más contención que logramos los primeros días, no hay necesidad de ser amigas. Nos deseamos suerte y cosas bonitas. Nos dejamos ir. Me siento en paz, espero que ella también.



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